Ha nacido una estrella
(A Star Is Born, George Cukor, 1954)
Una panorámica de las luces nocturnas de la ciudad de Los Ángeles sirve de fondo a los títulos de crédito de este film de George Cukor*. Al terminar éstos un haz de potentes focos que apuntan al cielo, en un extremo del encuadre, reclaman nuestra atención: un brusco raccord combinando imágenes de archivo con efecto de cámara al hombro nos conducirá al "meollo" del asunto, que no es otro que una de las así llamadas galas benéficas con las que el también así llamado mundo del cine busca cumplir con su cuota social al tiempo que promociona a sus astros. Pero que las apariencias no nos lleven a engaño: ni el oropel de autos, joyas y pieles es tan brillante (plano de uno de los enormes focos quemándose) ni la principal atracción de la velada se encuentra allí (la llegada del jefe del estudio acompañado de la starlette de turno, incluida una sonrojante comparecencia ante los micrófonos a pie de calle, no es más que un señuelo). Norman Maine, el hombre cuya llegada todos esperan, en cierto sentido ya se marchó.
Quien sí se encuentra allí es Esther Blodgett (Judy Garland), integrante de una de las bandas encargadas de amenizar la velada, y que a pesar de su condición de "relleno" del espectáculo demuestra a las claras que quien domina las tablas es ella: cuando, finalmente, Norman Maine (James Mason) hace acto de presencia (en estado de embriaguez) y consigue salir al escenario a pesar de los esfuerzos por impedírselo del agente Matt Libby (Jack Carson, quien carga con el personaje más antipático de la función) es Esther quien salva la situación improvisando un número musical con Maine. Irónicamente, cuando más adelante se haya convertido ya en Vicki Lester y en auténtica estrella del evento, durante la entrega de estatuillas de la Academia, no podrá evitar el fiasco - la bofetada involuntaria que le propina un Norman de nuevo borracho (y en verdad, ¿cuándo ha dejado de estarlo?) -. Y es que, digámoslo ya, Ha nacido una estrella chez Cukor es un bello film de presagios, el camino de un hombre al encuentro de su fatalidad, cuyas señales pueden estar tanto marcadas con carmín en una pared desconchada como intuidas en las olas que van a morir en una playa doméstica. Para ello el realizador tuvo que trascender la condición de musical hecho a la medida de Judy Garland, que era la idea inicial de la Warner y cuyo resabio mayor lo constituye el extenso "Born In A Trunk", rodado y remontado cuando ya Cukor se encontraba en la India localizando exteriores para Cruce de destinos (Bhowani Junction, 1956). Por contra, la concepción de las canciones en la puesta en escena de Cukor enlaza con la propia raíz etimológica del término melodrama (drama con música): así lo certifican la estremecedora "The Man That Got Away", que Norman le escucha a Esther -significativamente- desde la penumbra del garito (puesto que él pertenece ya, de hecho, a las sombras) o la definitivamente -por el contexto en que se canta- siniestra "It´s A New World" con la que sin ella saberlo se está despidiendo de su esposo. Despedida, por cierto, rubricada no sólo momentos antes por el gesto de él ("sólo quería verte una vez más") si no presagiada con mucha antelación cuando vemos ese mismo gesto al final de la secuencia en que Norman le propone a Esther la "conquista" de la ciudad que se extiende a sus pies.
Un film que funciona por acumulación, pues, acumulación de avisos funestos y también de sucesión de contrastes (que en ocasiones devienen choques violentos: la impúdica mano que agrede el rostro velado de Vicki a la salida del funeral) entre la autenticidad de los sentimientos que se profesan Norman y Vicki y la falsedad/artificiosidad del mundo en que viven. Los primeros no se circunscriben únicamente al ámbito de Norman Maine, afectan también a Esther/Vicki: cfr. la primera vez que visita el estudio, queda atrapada por una pantalla donde una carga de jinetes indios la arrolla figuradamente (y es lícito preguntarnos aquí por la naturaleza del inevitable final de su carrera de actriz), o cuando cae prisionera de una puerta giratoria, en "las redes" del cine ya para siempre. En cuanto a los segundos, se ven potenciados por la extraordinaria labor de la pareja protagonista, que vive, ama, se ilusiona o pasea su hastío, según el caso, por unos escenarios que revelan su impostura: Norman ni siquiera tiene un hogar, habita en el estudio, duerme en una alcoba que parece invocar al Liszt de "La lugubre gondola" con esos cortinajes oscuros -más que cama, semeja catafalco-; acude al Coconut Grove en busca de Esther, pero no le importa demorarse en la sórdida búsqueda de una ilusoria compañía femenina entre palmeras igualmente falsas. Más adelante, cuando ambos se sinceran y él intenta alejarla, consciente del malditismo que lo persigue, mientras ella le confiesa la naturaleza de sus sentimientos, antes han debido pasar frente a una enorme jaula que alberga unos papagayos posados en un simulacro de árbol: de nuevo, otra imitación de la vida. Una refinada manera de decir las cosas, la de Cukor, que prosigue en el instante en que Norman en su noche de bodas (una boda que tiene como testigos a...un par de vagabundos en chirona!) apaga la radio donde suena su esposa en la habitación del motel, para pedirle a la Vicki real que cante sólo para él. Dialéctica admirablemente expresada, como vemos, que alcanza su punto culminante en dos set-pieces antológicas: "Someone At Last", el número que Vicki improvisa en el comedor de su casa y donde se procura el atrezzo más impensado para vestir la felicidad que la embarga en ese momento, felicidad que fatalmente no está destinada a durar -véase el magistral cambio de expresión en el rostro de James Mason cuando le cierra la puerta al cartero, en un plano de espaldas cuya duración Cukor pauta con precisión de metrónomo- ; y la desgarrada confesión de Vicki a Oliver Niles (Charles Bickford, lacónico testigo del via crucis de la pareja) en el camerino, maquillada de clown y dispuesta pese a su congoja a "divertir" a la audiencia, plano secuencia cuyo exacerbado patetismo es digno del Leoncavallo de "Pagliacci".
Y es el efecto de dicha acumulación la que nos conduce, con la inexorabilidad que tienen los destinos cumplidos, al más hermoso suicidio jamás filmado: Norman Maine se adentra no en el mar sino en su mar, en el encuadrado por las cristaleras del hogar (al fin uno) que se ha construido con Vicki, y no lo hace por ser un actor fracasado -por ello sólo se limita a beber- sino por su amor hacia ella; y a su colofón: el "Hello, Everybody. This Is Mrs. Norman Maine" que pronuncia Vicki Lester, puntuado por la grúa combinada con travelling de retroceso que la aísla en el escenario del Shrine Auditorium. Ambos momentos poseen la fuerza y la emoción de un crescendo operístico.
Warner Bros., 1954. T.O.: "A Star Is Born". Productor: Sidney Luft. Director: George Cukor. Guión: Moss Hart, según un argumento de William A. Wellman y Robert Carson. Fotografía: Sam Leavitt, en Technicolor. Adaptación musical: Ray Heindorf. Canciones: Harold Arlen e Ira Gershwin. Montaje: Folmar Blangsted. Duración: 182/154/176 minutos. Intérpretes: Judy Garland (Esther Blodgett/Vicki Lester), James Mason (Norman Maine), Jack Carson (Matt Libby), Charles Bickford (Oliver Niles), Tommy Noonan (Danny McGuire), Lucy Marlow (Lola Lavery).
*Los interesados por la historiografía recordarán que se trata de un remake del film del mismo título realizado por William A. Wellman en 1937, con Janet Gaynor y Fredric March en los roles estelares, que a su vez estaba inspirado en una película rodada precisamente por George Cukor en 1932, Hollywood al desnudo (What Price Hollywood?). En 1976 Frank Pierson perpetró una nueva versión, a mayor gloria de Barbra Streisand, que es más prudente olvidar.
































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