dijous, 24 de març del 2016

LAS PIERNAS DE LORI SHANNON

Mi desconfiada esposa
(Designing Woman,
Vincente Minnelli 1957)



  Esta fábula sobre los avatares conyugales de una pareja neoyorkina en los happy fifties da comienzo con una interpelación directa al espectador: los diferentes actores del drama que va a escenificarse, por así decirlo, se presentan a la audiencia y se dan paso unos a otros con vistas a ponernos en antecedentes sobre el "suceso". No estamos sin embargo ante una quest en toda regla, a lo Rashomon para entendernos, donde cada uno irá exponiendo sus puntos de vista, puesto que aquí los interesados irán "traspasándose" la responsabilidad de relatarnos lo sucedido hasta llegar al último, dispuesto en efecto a contarnos todo lo que sabe...para acabar reconociendo que no sabe nada acerca del asunto. Es el efectivo modo con que realizador y guionista (George Wells, autor del libreto, merecedor por cierto de un Oscar por su labor) nos introducen en el artificio de lo que vamos a ver a continuación: la representación de una cierta manera de entender las relaciones entre hombres y mujeres o, como solía decirse antaño, "la guerra de sexos".

  Viniendo firmado por Vincente Minnelli, un director que siempre se consideró a sí mismo un esteta, dicho enfrentamiento no podía limitarse a una funcional ilustración de los hallazgos, más o menos ingeniosos, del guión. Lo interesante de la propuesta es que Minnelli entendió bien que el choque entre Mike Hagen (Gregory Peck), un cronista deportivo acostumbrado a bregar en los "bajos fondos" del oficio, y Marilla Brown (Lauren Bacall), una sofisticada diseñadora de modas que se codea con la bohemia chic, podía expresarse no sólo contraponiendo caracteres, usos y costumbres sino, sobre todo, mediante el enfrentamiento de decorados. Unos escenarios respectivos (para no alejarnos del símil de la representación a que aludíamos) que les pertenecen por entero, ora a Mike agora a Marilla, y que Minnelli singulariza merced a un gusto por la composición del encuadre, un trabajo con el contenido del plano y la disposición de los actores en el mismo, amén de un hábil aprovechamiento del formato panorámico, como pocas veces alcanzó en su cine (cfr., en un registro diferente, los logros de Como un torrente/Some Came Running, 1958).
 Y no nos referimos únicamente al (obvio) antagonismo de los apartamentos de uno -"no es el Taj Mahal" confiesa Mike del suyo; de "caja de zapatos" lo califica la voz en off de Marilla- y otra: véase la entrada de Marilla en el combate de boxeo, excesivamente vestida para la ocasión, puntuada por el afortunado detalle de los periódicos que sirven de pantalla a las salpicaduras de la sangre como explica solícito Mike a su atribulada esposa; no menos desplazado se encuentra éste en territorio de Marilla, como muestran la fiesta "sorpresa" con los amigos de ella -y muy significativamente, el único que se percata de que los pantalones no son de su talla y en definitiva advierte la existencia de Mike en ese ambiente que le es ajeno, es un antiguo pretendiente de los favores de Marilla, Zachary White(Tom Helmore): bonita forma de expresar que una mirada amorosa arroja también otra forma de mirar el mundo que rodea al sujeto de ese amor- o el pase de modelos en el local donde trabaja Marilla (vale la pena señalar las reacciones de Mike a los malintencionados comentarios de su esposa, o ante un ademán aparentemente inocente como servir el té). Escenarios bien delimitados, pues, lo cual no obsta para que en ocasiones confluyan en una suerte de rara armonía de antónimos: la partida de póker que se simultanea con los ensayos de una hilarante pieza teatral o el delirante clímax final en las bambalinas del teatro, una pelea coreografiada como si se tratase de un número musical más de la obra y que participa de su mismo artificio. Incluso en terreno neutral, por así decirlo, Minnelli trabaja a fondo la idea de la contraposición: en su encuentro en la piscina del hotel, Mike y Marilla están "separados" por el poste de un parasol que corta en dos el plano; más adelante, dicha separación se repetirá en la entrada del edificio donde reside ella, en esta ocasión jugando con la profundidad de campo, un taxi estacionado y el toldo del bloque de apartamentos. Ambas secuencias riman, de un modo casi musical, con el encuentro de Mike y Lori Shannon (Dolores Gray) en el restaurante: entre ellos no hay barrera visual ninguna, un centro frutal los une más que los distancia, y el encuadre elegido por Minnelli parece subrayar esa afinidad de espacios que es trasunto de la relación que los ha unido hasta entonces, poniendo especial énfasis en la posición de ella: la colocación de la actriz en el plano, como presta a "abrazar" a quien tiene delante, sugiere que en dicha relación una tiene dipositadas más esperanzas que el otro (como más adelante se encargará de verbalizar en un aparte en su camerino con Marilla).

  Al enriquecimiento de la función contribuye no poco la certera caracterización de los personajes, apoyada además por el buen hacer de todo el elenco (capitaneado, justo es decirlo, por el siempre excelente Gregory Peck: hay que fijarse en su medida gestualidad, como cuando imita el gesto de Marilla al reír o el baile del bongo del coreógrafo amigo de su mujer, Jack Cole); véase, en este sentido, la manera de definir a Maxie Stultz (Mickey Shaughnessy) por la forma que tiene de dormir, los modos como el jefe de Mike, Ned Hammerstein (Sam Levene), le hace presente del regalo de bodas o el hambre compulsiva de la enamorada Marilla. Por no hablar de la importancia que cobra el tratamiento de determinadas situaciones, gestos y objetos respecto al desarrollo de la trama: los bellos encadenados que relacionan las reticencias de Marilla ante los avances de Mike con sus consiguientes claudicaciones; la manera que tiene ella de morder el lóbulo de la oreja de él para sellar cada acercamiento amoroso; la fotografía rasgada de las piernas de Lori Shannon que servirá a Marilla para atar cabos -y que cobrará vida ante los desorbitados ojos de ésta-; el zapato agujereado de Mike que acabará en las fauces del perro de Lori, delatándolo así; las efusivas costumbres del can hacia los forasteros, que acabarán hermanando a Mike, a Marilla y a Zachary White, en este último caso en una suerte de premonición de su futura relación con Lori; o las palmeras californianas que Marilla señala a Mike, vistas por éste con un colorido distorsionado (ejemplar labor, por lo demás, la del operador: John Alton) a causa de su resaca, en lo que es el colofón de una jocosa "sinfonía" de ruidos cotidianos que para la jaqueca del periodista suenan a estallidos insufribles.

  Incluso los números musicales, casi inevitables si se hermanan términos como MGM y Vincente Minnelli, cobran pleno sentido y cumplen la función de hacer avanzar el relato (no se trata aquí del habitual relleno ni de meros intermezzi). Ambos corren a cargo de Dolores Gray: en el primero Lori canta algo así como "ahora todo va a ser distinto" ante la mirada de un incómodo Mike que se dispone, precisamente, a revelarle su reciente boda; el segundo se abre con un primer plano de las piernas inquietas de Marilla, contemplando el ensayo de la obra y ya muy mosqueada con el recuerdo de otras piernas, que no son otras que las de Lori como ha descubierto recientemente.

  Todo lo cual nos lleva a considerar que Minnelli, que a menudo flirteó peligrosamente con el kitsch y que en demasiadas ocasiones franqueó la barrera que separa lo sublime del simple y llano mal gusto (y el gag del fálico puro que Mike corta por lo sano casi es un amago en ese sentido), consiguió aquí uno de sus mejores trabajos.

 Metro Goldwyn Mayer, 1957. T.O.: Designing Woman. Productor: Dore Schary. Director: Vincente Minnelli. Guión: George Wells. Fotografía: John Alton, en Metrocolor. Música: André Previn. Montaje: Adrienne Fazan. Duración: 118 minutos. Intérpretes: Gregory Peck (Mike Hagen), Lauren Bacall (Marilla Brown), Dolores Gray (Lori Shannon), Sam Levene (Ned Hammerstein), Tom Helmore (Zachary White), Mickey Shaughnessy (Maxie Stultz), Jesse White (Charlie Arneg), Edward Platt (Martin Daylor), Chuck Connors (Johnnie "O"), Richard Deacon (Larry Musso), Jack Cole (Randy Owens), Dean Jones.















































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